sábado, 14 de noviembre de 2015

El canon griego

Hemos estado viendo en Fundamentos del arte cómo el arte griego fue evolucionando desde su etapa arcaica (siglos VIII-VI a.n.e.) hasta su fase clásica (siglos V-IV a.n.e.), desembocando en el periodo helenístico (siglo III a.n.e.).
En cuanto a escultura, esta evolución se ve claramente en el uso del canon, es decir, la ley de proporciones utilizada en cada momento de la Historia del arte griego.
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7d/Memphis_-_Museum_-_Large_statue_of_Ramses_II.JPG/800px-Memphis_-_Museum_-_Large_statue_of_Ramses_II.JPG
Comparativa entre el Kouros de Anávisos y la estatua de Ramsés II ante la entrada del Museo de Menfis
Es fácil darse cuenta que el canon que se aplicaba a la escultura arcaica era muy parecido al canon egipcio de 18 puños. Si comparamos la escultura en altorrelieve de Ramsés II a la entrada del museo de Menfis con el Kouros de Anávisos (llamado también Kouros de Creso), sorprende el parecido tanto de
proporciones como de estructura compositiva: frontalidad, rigidez, hieratismo, pie izquierdo adelantado. Lo único que nos indica que el kouros es griego es su desnudez y sus rasgos, con la típica sonrisa boba (o arcaica) en sus labios y el pelo poco definido.
Sin embargo, en la época clásica las esculturas se humanizan. Los gestos dejan de ser estereotipados, desaparece la sonrisa boba y se cambia por la no menos típica ausencia de expresión (pathos), y, sobre todo, se aplican nuevas leyes de proporciones, nuevos cánones, como el de Policleto y el posterior de Lisipo, quienes establecieron la teoría de que un cuerpo perfecto debería medir siete cabezas (según el primero) o siete y media, según el segundo.

Hemos visto en clase que estos cánones no son otra cosa que el reflejo del idealismo griego, de su afán por medir, por controlar y por embellecer la realidad ajustándola a medidas ideales, lo que no quiere decir que sea una medida de la belleza única ni válida.
De hecho, en el Renacimiento este canon se alargará más aún, hasta ocho cabezas o más. Pero lo más interesante de ello no es discutir sobre arquetipos de belleza, sino percatarnos de la grandeza de una civilización como la griega, tan racional que incluso buscó en las matemáticas un apoyo a sus teorías estéticas.

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