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lunes, 26 de febrero de 2018

Los límites de la libertad de expresión: ¿Democracia o Neomacartismo?

https://www.ecured.cu/Macartismo
Con estupor estamos asistiendo a lo que un amplio sector del mundo de la cultura se refiere ya como una especie de caza de brujas contra la libertad de expresión en España, sobre todo en lo que afecta al mundo del arte y la música. Ya no solo son los raperos encarcelados y multados por las críticas vertidas contra el statu quo en sus letras o sus tuits, como ocurrió con el cantante de los Def Con Dos, César Strawberry, Pablo Hasel, Valtonyc, o La insurgencia, sino que incluso se ha llegado a secuestrar una edición de un libro (Fariña, de Nacho Carretero), o a retirar de la feria de arte contemporáneo ARCO una obra de denuncia social (Presos políticos en la España Contemporánea, de Santiago Sierra).
Presos políticos en la España Contemporánea, de Santiago Sierra,
Foto de El Independiente
Precisamente estamos viendo en clase algunos ejemplos de censura de obras de arte, sobre todo en cine, como fue el caso de Las Hurdes, tierra sin pan, de Buñuel, o de El gran dictador, de Chaplin, que no pudo verse en España hasta después de la muerte del dictador Franco.
Goebbels visitando una de las exposiciones de Arte Degenerado
Los más extremos casos de censura fueron las exposiciones de Arte Degenerado montadas por las autoridades de la Alemania nazi, en las cuales se mostraban obras de carácter vanguardista para luego ser destruidas en un acto de purificación muy parecido a los Autos de Fe.
Todo ello nos lleva a una reflexión: ¿hasta qué punto las autoridades políticas deben intervenir a la hora de censurar una obra de arte? Está claro que se trata de un debate interesante.

viernes, 7 de enero de 2011

Sólo el necio confunde valor y precio

El problema del precio del Arte es el mismo que el del oro: no se compra y se vende porque sea bonito y nos atraiga su brillo como a una urraca, sino porque se trata de un valor refugio que rara vez pierde “poder” monetario: quien posea unos kilitos de oro o un par de Picassos sabe, con seguridad, que los va a vender cuando le venga en gana GANANDO SIEMPRE. Por eso, en época de crisis, se multiplican los anuncios de “compro oro” y se pagan barbaridades que harían enrojecer a Bill Gates por cualquier obra de arte.

Cuando los gurús del arte pagan lo que pagan por cualquier obra, están “invirtiendo”, les importa un comino su valor artístico. Es más, son capaces, incluso, de adquirir por millonadas cualquier cosa que se pueda revender más cara, aunque ataque sus propios principios ideológicos. Los Rockefeller, el paradigma del capitalismo americano (sirvió incluso como modelo para el Tío Gilito de Disney), llegaron a contratar al propio Diego Rivera, el famoso cartelista del comunismo trotskista, para decorar su sanctasantórum. Es más,  son capaces incluso de monetizar la efigie de Lenin o del Ché Guevara, comercializar camisetas con la "A" anarquista o comprar la Mierda de artista enlatada por Piero Manzoni, que constituía una descarnada denuncia contra este cambalache artístico.
Como decía Machado, sólo un necio confunde valor y precio. El problema no es la calidad artística o el valor estético o emotivo de una obra (yo babeo con los dibujos de mis hijas), sino en creernos que una cosa vale lo que nos dice Christie’s.