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domingo, 25 de octubre de 2015

El inicio del feminismo en el arte y el diseño: las Glasgow Girls


La Escuela de Glasgow es una de las tendencias del llamado modernismo geométrico más novedosas de finales del siglo XIX, tanto por sus postulados estéticos en la concepción de la imagen gráfica y el diseño en general como en lo avanzado de sus posicionamientos sociales.
En una época (la Gran Bretaña victoriana) en la que en otros ámbitos la mujer no era sino una especie de florero cuyo único papel en el arte era el de adornar y atraer (como hemos visto en clase de Historia de la Imagen Publicitaria II en ejemplos tan casposos como Jules Cheret), en la Escuela de Glasgow se desarrolló un ambiente cultural en el que, casi por vez primera, las mujeres tomaron la iniciativa en todos los campos del diseño y la creación.
La Stook School de la Escuela de Glasgow
Como parte integrante de este maravilloso universo de las Escuelas de Arte, nos llena de odgullo y zatizfadción comprobar cómo la Escuela de Arte de Glasgow se convirtió en punta de lanza del diseño internacional y, además, fueron las mujeres, las Glasgow Girls, quienes más aportaron a este impulso, algo que viene al pelo ahora que dentro de unos días, el 7 de noviembre, tendrá lugar la Marcha Estatal contralas violencias machistas.

Diseño de Margaret Macdonald para la carta de un salón de té
Una de las obras de Lxs cuatro
Es cierto que en el seno del movimiento de la Escuela de Glasgow apareció un genio que eclipsó

sábado, 16 de abril de 2011

La conquista de la Democracia: Clara Campoamor y el voto de las mujeres

Aviso: este artículo tiene una importante errata. La primera persona de cada grupo que la descubra tendrá un 10 que se sumará al casillero de las actividades voluntarias. A por ello, que es gratis.
Durante toda la Historia de España, hasta bien entrado el siglo XX, la situación de la mujer era de clara subordinación al hombre.
A la mujer no se le permitía hacer nada sin el permiso del padre o del marido: no podía abrir cuentas bancarias, gestionar negocios, o, ni siquiera, asistir a clases a la Universidad. El papel de la mujer se reducía al de buena esposa y madre, encargada de las labores del hogar mientras que el hombre se encargaba de la vida social.
Sin embargo, ya desde el siglo XIX un puñado de jóvenes arrojadas habían sido capaces de alcanzar estudios universitarios. Uno de los primeros casos fue Concepción Arenal, que tuvo que llegar al extremo de tener que disfrazarse de hombre para poder asistir a clase.
Cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la IIª República en España, la situación de la mujer era aún de clara discriminación. La política seguía siendo cosa de hombres y sólo algunas mujeres como la anarquista Lucía Sánchez Saornil, la marxista Margarita Nelken, o las republicanas Victoria Kent o Clara Campoamor  llegaron a hacerse un hueco en este mundo de hombres.
A pesar de que los partidos de izquierdas ejercieron una notable influencia a la hora de redactar la constitución de la República Española de 1931, introduciendo leyes progresistas como el derecho al divorcio o a que las mujeres pudieran ser elegidas diputadas, no recogió aún el derecho al voto por parte de las mujeres, a pesar de que importantes líderes políticos, como el socialista Indalecio Prieto, lo defendieron con ahinco.
Precisamente uno de los momentos estelares de la historia del sufragismo fue el debate del artículo 36 de la constitución que aprobaba el voto femenino.
En este debate se enfrentaron Clara Campoamor, que defendía la igualdad entre hombres y mujeres sin restricciones, y Victoria Kent, que pensaba como Clara, pero que creía que el voto femenino sería mediatizado por el clero y al final supondría una trampa para la República.
Tras apasionadas intervenciones, con argumentos de todo tipo a favor y en contra, se eliminó la última traba legal para la igualdad entre hombres y mujeres.
Por primera vez en España, las mujeres entraban por la puerta grande de la Historia de mano de la República.
Como predijo Victoria Kent, en las elecciones de 1933 la derecha ganó gracias, precisamente, al voto de las mujeres.  Sin embargo, gracias a Clara Campoamor y a su verbo incendiario, prevaleció la razón por encima de los intereses partidistas. Finalizamos esta entrada con una de las citas más famosas de Clara Campoamor, pronunciada en el transcurso del famoso debate (recogida de "El voto femenino y yo". Editorial Horas. Madrid, 2006, p. 107):

"Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar , a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras".