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miércoles, 20 de abril de 2016

Las mujeres que alcanzaron las estrellas.

Son muchos los éxitos conseguidos en la conquista del espacio. Estos hitos de la humanidad son recordados hoy como los mayores logros de nuestra especie y a quienes realizaron estas hazañas se les considera héroes. Por ejemplo, el primer Ser Humano en adentrarse en el espacio, el soviético Yuri Gagarin en 1961 o el primer hombre pisar nuestro satélite, la Luna, Neil Armstrong, en 1969 con la misión del Apolo XI.

Sin embargo, fueron muchas las mujeres que trabajaron y participaron en la conquista del espacio. La primera de ellas es conocida por la película del director español Alejandro Amenábar, Ágora (2009), Hipatia de Alejandría. Esta profesora greco-egipcia de matemáticas y astronomía, seguidora de Platón, nacida en el siglo V d.C., es decir, hace más de 1500 años, fue la primera en determinar mediante el estudio de la geometría, el álgebra y las matemáticas la posición de las estrellas en la bóveda celeste. Ese cielo nocturno que siempre nos acompaña. A pesar de ser una de las mujeres más reconocidas en su campo, será asesinada por los cristianos al considerar que su conocimiento era "pagano".


Otras mujeres que añadieron conocimiento a la astronomía fueron, entre otras, Caroline Herschel perfeccionando el diseño de los telescopios y Maria Mitchell, profesora de ciencia y descubridora de multitud de estrellas y cometas, ambas en el siglo XIX.

No obstante, la primera mujer que marca un hito espacial es la soviética Valentina Tereshkova, ella

viernes, 29 de marzo de 2013

Alejandro Lerroux

En la Historia de España hemos conocido personajes controvertidos y nefastos, como es el caso de Fernando VII, el Deseado. En las próximas semanas conoceremos a otro personaje de esta índole: Alejandro Lerroux.
Desde joven se hizo famoso por su carácter pendenciero, y fue juzgado y encarcelado varias veces por participar en duelos y algaradas.
Dominaba la oratoria e inflamaba a las masas con discursos demagogos y populistas, adaptando sus discursos al auditorio y sin miedo a las consecuencias. Hay muchas anécdotas al respecto, como la que dice que cuando tenía que hablar ante un auditorio obrero llevaba preparada una blusa de trabajador y se cambiaba su traje por ella antes de su actuación.
Fue fundador de Unión Republicana y fue variando su discurso y su política según iba alcanzando cotas de poder, ya que pasaría de ser un ferviente republicano anticlerical, radical y antimilitarista que participó en las manifestaciones de la Semana Trágica de 1808, a ser militante de la Conjunción Republicano-Socialista, por la que fue diputado en 1910 y obtuvo la mayoría en el Ayuntamiento de Barcelona. A partir de aquí empezó a moderar su discurso y a ser salpicado por varios casos de corrupción.
Fue partidario de participar en la 1ª Guerra Mundial de parte de los Aliados, ayudó al establecimiento de la 2ª República, donde fue ministro de Azaña en 1931, y, por fin, se apoyó en la CEDA, la confederación de derechas, para alcanzar el poder, desde donde dio marcha atrás (entre otras) a todas las reformas de carácter laicista que había defendido toda su vida, hasta que al final tuvo que abandonar el poder por varios casos de corrupción.
Entre otros episodios oscuros, está la forma en que consiguió su licenciatura en la carrera de Derecho: la consiguió en 1923 (siendo diputado) en la Universidad de La Laguna, como alumno en modalidad de matrícula libre, aprobando todas las asignaturas en un solo día.

Para comprobar su florida oratoria, es suficiente este botón de muestra:

"Jóvenes bárbaros de hoy: entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura; destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie. Romped los archivos de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para purificar la infame organización social. Penetrad en sus humildes corazones y levantad legiones de proletarios, de manera que el mundo tiemble ante sus nuevos jueces. No os detengáis ante los altares ni ante las tumbas... Luchad, matad, morid."
 La Rebeldía. Barcelona, 1 de Septiembre de 1906

jueves, 22 de diciembre de 2011

¿Feliz Navidad...o Feliz Solsticio de Invierno?

Tríptico Portarini, de Hugo van der Goes, obra maestra del gótico flamenco, donde se aprecia una Natividad y unos donantes junto a sus santos patrones.
Vimos en Historia de España cómo en el Concilio de Nicea, más de 300 años años después del nacimiento de Cristo, se tomaron algunas decisiones de importancia capital para la historia occidental.
Por ejemplo, se decidió algo tan transcendental como que Cristo era Dios mismo, de la misma naturaleza que el Padre.
Pero también se decidieron otras cosillas muchos siglos después de que Cristo paseara por la maltratada patria de los palestinos, como el propio cumple de Cristo, o sea, el día de su nacimiento (la Navidad).
De hecho, en ninguna parte de los cuatro Evangelios aceptados por la Iglesia Católica (los del Tetramorfos, ya sabéis), ni en los no aceptados (como en el de Santiago o el de Tomás), aparece la fecha del cumpleaños de Cristo. Ni siquiera se sabe el año exacto de su nacimiento, y se especula que Jesucristo nacería cinco o seis años antes de Cristo, ya que Dionisio el Exiguo, el monje rumano creador de la llamada Era Cristiana, se equivocó en el cálculo.
Hasta el año 350 de nuestra era no se había determinado la fecha de la Navidad, pero el papa Julio I estableció como fecha el 25 de diciembre, algo que se mantiene hoy en día. Pero la controversia no acaba ahí, ya que en los países ortodoxos del Este de Europa lo común era celebrar la Navidad (o sea, el nacimiento de Cristo) el día 7 de enero, coincidiendo con la Epifanía (o sea, el día de los Reyes Magos), porque tienen en cuenta el calendario Juliano, que tiene un desfase de unos diez días respecto al gregoriano.
¿Y por qué el bueno de Julio I querría cambiar el cumple de Cristo? Pues por razones de oportunismo. Desde fechas inmemoriales se venía celebrando el Solsticio de Invierno, es decir, el momento del año en que los días se empiezan a alargar con respecto a la noche, o sea, el triunfo del Sol.

Los romanos, precisamente, celebraban esa fiesta después de una semana de juerga (las Saturnalia, una especie de mezcla entre carnaval, desenfreno sexual y botellón). Es fácil entender cómo una fiesta en la que la gente cometía todo tipo de excesos contra la moral asumida por los cristianos no fuera del agrado de éstos, pero también es fácil entender que una fiesta así es muy difícil de erradicar. Además, el culto a Mitra, que estaba muy difundido entre el ejército romano, celebraba también su día grande en esa fecha.

Así que pensaron: si no puedes con ellos, únete a ellos. Declararon que el día del Sol Invictus era el día del nacimiento de Cristo, el auténtico Sol Invicto, de modo que poco a poco la gente fuera asociando la fecha al cristianismo.
¡Y vaya si lo consiguieron!