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Durante toda la
Historia de España, hasta bien entrado el siglo XX, la
situación de la mujer era de clara
subordinación al hombre.
A la mujer no se le permitía hacer nada sin el
permiso del
padre o del
marido: no podía abrir cuentas bancarias, gestionar negocios, o, ni siquiera,
asistir a clases a la Universidad. El papel de la mujer se reducía al de
buena esposa y
madre, encargada de las labores del hogar mientras que el hombre se encargaba de la
vida social.
Sin embargo, ya desde el siglo XIX un puñado de jóvenes arrojadas habían sido capaces de alcanzar estudios universitarios. Uno de los primeros casos fue
Concepción Arenal, que tuvo que llegar al extremo de tener que
disfrazarse de hombre para poder asistir a clase.
Cuando el
14 de abril de 1931 se proclamó la
IIª República en España, la situación de la mujer era aún de
clara discriminación. La política seguía siendo
cosa de hombres y sólo algunas mujeres como la
anarquista Lucía Sánchez Saornil, la
marxista Margarita Nelken, o las republicanas
Victoria Kent o
Clara Campoamor llegaron a hacerse un hueco en este
mundo de hombres.
A pesar de que los partidos
de izquierdas ejercieron una notable influencia a la hora de redactar la
constitución de la República Española de 1931, introduciendo
leyes progresistas como el derecho al
divorcio o a que las mujeres pudieran ser
elegidas diputadas, no recogió aún el
derecho al voto por parte de las mujeres, a pesar de que importantes líderes políticos, como el socialista
Indalecio Prieto, lo defendieron con ahinco.
Precisamente uno de los momentos estelares de la historia del
sufragismo fue el
debate del artículo 36 de la
constitución que aprobaba el
voto femenino.
En este debate se enfrentaron
Clara Campoamor, que defendía la
igualdad entre hombres y mujeres sin restricciones, y
Victoria Kent, que pensaba como
Clara, pero que creía que el voto femenino sería
mediatizado por el
clero y al final supondría una
trampa para la
República.
Tras
apasionadas intervenciones, con argumentos de todo tipo a favor y en contra, se eliminó la última
traba legal para la
igualdad entre hombres y mujeres.
Por primera vez en
España, las mujeres entraban por la puerta grande de la Historia de mano de la
República.
Como predijo
Victoria Kent, en las
elecciones de 1933 la
derecha ganó gracias, precisamente, al voto de las mujeres. Sin embargo, gracias a
Clara Campoamor y a su
verbo incendiario, prevaleció
la razón por encima de los
intereses partidistas. Finalizamos esta entrada con una de las citas más famosas de
Clara Campoamor, pronunciada en el transcurso del famoso debate (recogida de "
El voto femenino y yo". Editorial Horas. Madrid, 2006, p. 107):
"Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar , a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras".